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Mi corazón quiere adorarte

La adoración es una expresión profunda y sincera del amor y la reverencia que sentimos hacia Dios. En nuestro diario vivir, podemos encontrar diferentes maneras de adorar al Señor, no solo en nuestros momentos de oración y alabanza, sino también en nuestras acciones, pensamientos y decisiones. La adoración es una respuesta natural al reconocer la grandeza y la santidad de Dios.


En el Salmo 95:6 vemos una invitación clara y poderosa para adorar a Dios: "Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor." Este versículo me recuerda que la adoración implica un acto de humildad y reverencia. Al postrarnos ante Dios reconocemos nuestra dependencia de Él y nuestra gratitud por su amor y misericordia. Es un momento de sumisión y entrega, donde nuestro corazón se rinde completamente a Su voluntad.


No permitas que la adoración se limite a los cantos de alabanza o a un culto dominical. Jesús nos enseñó que la verdadera adoración proviene del corazón y ésta es en espíritu y en verdad. En Juan 4:23-24 Jesús dice: "Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren."


Esta enseñanza de Jesús resalta que la adoración no es solo un acto externo sino una actitud interna. Adorar en espíritu y en verdad significa que nuestra adoración debe ser genuina y sincera, impulsada por el Espíritu Santo que mora en nosotros. No se trata solo de las palabras que decimos o los himnos que cantamos, sino de la intención y la autenticidad de nuestro corazón.


En nuestra vida cotidiana podemos encontrar muchas formas de adorar a Dios. Cada acto de bondad, cada decisión tomada con integridad y cada momento de agradecimiento pueden ser una expresión de adoración. Cuando trabajamos con diligencia y dedicación, cuando servimos a los demás con amor y compasión, cuando vivimos de acuerdo con los principios bíblicos, estamos adorando a Dios con nuestras vidas.



A medida que buscamos adorar a Dios con todo nuestro corazón, es esencial cultivar una relación íntima con Él a través de la oración y el estudio de su Palabra. Al acercarnos a Dios, Él nos revelará más de su carácter y su voluntad para nuestras vidas. Así, nuestra adoración se volverá más profunda y significativa, un reflejo de nuestra relación continua y creciente con nuestro Creador.


En conclusión, la adoración es mucho más que una actividad dominical, es un estilo de vida. Es el deseo ardiente de nuestro corazón de honrar y glorificar a Dios en todo lo que hacemos. Al rendirnos completamente a Él, encontraremos una alegría y una paz que solo pueden venir de vivir en Su presencia y en Su amor. Que cada día, en cada momento, nuestro corazón quiera adorarte, Señor, en espíritu y en verdad.


Hoy dispongo mi corazón a que adore desde la esencia con la cual fue creado. Dejo las emociones a un lado y priorizo la necesidad de exaltar a Dios por su grandeza, por su hermosura y por las obras creadas por sus manos.


En esta hora me postro ante Él y le digo: Padre, mi corazón quiere adorarte.


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