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La paz de Dios

El significado bíblico de paz proviene del hebreo SHALOM, que es un estado de bienestar material y espiritual pleno. SHALOM es el resultado de relacionarnos correctamente con Dios y con la creación.


El concepto humano de paz, se entiende como un estado de quietud, de armonía, donde no se está perturbado por ningún conflicto o inquietud, y cabe mencionar que esta paz es pasajera pues depende de las circunstancias.


Por eso hoy yo quiero hablarte sobre esa paz que no depende de las circunstancias, sino de la paz que proviene de Dios y que nos recuerda que aunque estemos en medio de adversidades, pasando por enfermedades, o situaciones difíciles, podemos vivir plenamente confiando en que Dios es la paz verdadera.


La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo. (Juan 14:27)


En la vida enfrentaremos situaciones difíciles, pero aún en medio de ellas surge la convicción de que Dios tiene el control de todo, pues sus designios son buenos para nosotros y eso nos debe de llenar de paz.


Yo les he dicho estas cosas para que en mí hallen paz. En este mundo afrontarán aflicciones, pero ¡anímense! Yo he vencido al mundo. (Juan 16:33)



Muchas de las veces queremos que aquello que anhelamos se dé fácilmente o que ciertas situaciones de la vida sean color de rosa; sin complicaciones ni dificultades, y cuando nos damos cuenta que no es así, llega la tristeza o la aflicción, por eso, debemos estar preparadas, y saber que Jesús ya venció sobre el mal, eso es un hermoso motivo que debe llenarnos de paz y esperanza, pues lo que aquí vivimos no es eterno, pero su victoria sí lo es.


Que el Señor de paz les conceda su paz siempre y en todas las circunstancias. El Señor sea con todos ustedes. (2 Tesalonicenses 3:16)


Sólo necesitamos aferrarnos a Él para poder sentir su paz y compañía en todas las circunstancias.


No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús. (Filipenses 4:6-7)


Hace 11 años mi abuelo paterno murió, recuerdo que fui a verlo al hospital, ya él estaba muy enfermo, ya no abría sus ojos, siempre estaba dormido. Esa noche, me acerqué a su oído a decirle: abuelo, aquí estoy, soy Itzel, sé que puedes escucharme, en seguida se movió, él me estaba escuchando, y fue algo muy especial para mí; en ese momento oré a Dios y dejé la vida de mi abuelo en sus manos, con mucho dolor exclamé al Padre: si es tu voluntad que siga aquí con nosotros, así sea, y si tu voluntad es que duerma, así sea.


Me despedí de mi abuelo, regresé a casa, y a la hora de haber estado con él recibí la llamada de mi papá en la cual me decía: tú abuelo falleció. ¿Qué si lloré? Sí. ¿Qué si me dolió? Sí. Pero Dios estuvo ahí, acompañándome en el proceso. Mi paz comenzó cuando le confié la situación a Él, no importando si mi abuelo seguiría con vida o no, me acompañó durante el duelo y aún me sigue acompañando, pues Su paz sobrepasa todo entendimiento.


Si en este momento hay algo con lo que estás cargando, te invito a orar a Dios, llévale tus cargas, clama a Él, y dale gracias por lo que hizo en tu vida, por lo que está haciendo y por lo hará. Recibe Su paz. ¡Él no te fallará!

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