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Dominio propio ante nuestras emociones

¿Sabía usted que lo que nos salvará del juicio venidero es el dominio propio?


Pudiéramos bien entender que el dominio propio es la capacidad de tomar buenas decisiones y cumplirlas, al igual que la capacidad de darte buenas órdenes y ejecutarlas.


Día a día nos cargamos de emociones que irrumpen nuestra cotidianidad y pueden llegar al punto de sacarnos de comunión, desenfocarnos de nuestros objetivos, o, dicho sea de paso, hacer que nuestra relación con Dios mengue.

¿Acaso no has sentido que después de mucho tiempo de ocio, mientras miras historias, videos, sigues el rumbo del mundo secular, se te hace pesado conectarte con esas cosas que te acercan al reino? Pues sí, a mí me ha pasado. Nos cargamos de tantas cosas que al final se nos olvida lo más importante y cómo conectar con esa presencia que nos lleva al primer amor.

Es necesario que entendamos que el dominio propio es producto de nuestra relación con el Espíritu Santo. La biblia nos enseña que somos peligrosos para nosotros mismos, somos capaces de darnos órdenes que nos autodestruyen, por ejemplo, tomarnos un día libre del trabajo, procrastinar, complacernos en cosas seculares, buscar emociones arriesgadas para validarnos, etc.


Pablo incluso le exhortaba a Timoteo; “Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina, persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren.” 1ra Timoteo 4:16


El dilema radica en el hecho de que el precio de la vida es más alto que el costo de no practicar el autocontrol cuando es necesario. El tiempo nunca deja de avanzar, y la vida inevitablemente lo sigue. Hay quienes por no tener autocontrol pierden su familia, carrera o aquello que por tantos años le ha costado construir.


Seguimos viendo en las escrituras la importancia de mantener un auto control no sólo en nuestras acciones, sino también en nuestras emociones.

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” 2da Timoteo 1:7

Si no manejamos el cómo nos sentimos ante situaciones o eventos, o cómo pedir ayuda al Espíritu Santo para tomar algunas decisiones importantes, siempre estaremos cayendo en el mismo error, nuestros resultados no serán lo que esperamos o de cierta forma alineados al plan de Dios para nuestras vidas.


Dicho esto, es necesario que meditemos y pidamos ayuda a Dios para que por medio de su Espíritu Santo nos ayude a manejar nuestras emociones de la mejor manera posible, todo con la finalidad de cumplir su propósito en nuestra vida.


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