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¿Contesta Dios las oraciones hoy?

"Estoy muy confundida. Y siento que Dios me quiere decir algo a través de todo esto, pero no sé qué es. Y quiero saberlo. Necesito que ore por mí. Necesito una respuesta. Había orado por ese embarazo desde hace un año." Este fue un mensaje que le escribí a mi amado y difunto pastor después de tener un aborto espontáneo. Estaba tan enojada con Dios. Me preguntaba cómo era posible que después de estar orándole un año por ese bebé, su respuesta volvió a ser no. Era el segundo embarazo que perdía.


Y sé que, así como de enojada estaba yo ese día, tal vez en algún momento de tu vida o en este mismo instante, tu corazón guarda ese sentimiento de resentimiento hacia el Señor porque aún no tienes la respuesta a esa petición que tienes desde hace años. Eso nos lleva a la pregunta del título de este artículo: ¿contesta Dios las oraciones hoy?

Desde los siglos de los siglos el ser humano se ha dirigido a Dios en busca de respuestas a peticiones. Todos tenemos peticiones que anhelamos sean respondidas lo más pronto posible, pero en ocasiones estas oraciones no son contestadas y pasamos horas preguntándonos si la respuesta no ha llegado a nosotros debido a que tal vez no somos aptos para que Dios nos escuche. Ese era mi principal pensamiento cuando escribí ese mensaje.


Lo primero que tenemos que entender es que la manera en la que Dios obra en la vida de nosotros nada tiene que ver con lo que hacemos, todo está relacionado a lo que Él tiene diseñado para nosotros en su plan perfecto: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:8-9).


Una vez sabido esto se hace prescindible conocer las intenciones de nuestro corazón al pedir la petición, ¿estoy pidiendo para mi propio deleite o mi petición tiene una intención que no se basa en el egoísmo? Santiago amonesta severamente este tipo de peticiones (Santiago 4:3). En cambio, en Salmos 37:4 se nos exhorta a deleitarnos en el Señor y él concederá las peticiones de nuestro corazón. En este mismo salmo se nos invita a confiar en el Señor y hace el bien. Pero ¿qué pasa con esas oraciones que hacemos desde una buena intención y no son contestadas?


La oración modelo que nos dejó Jesús tiene una cláusula muy interesante acerca de las peticiones: “Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mateo 6:10). Las peticiones que nosotros realizamos tienen que descansar en la santa, perfecta y divina voluntad del Señor. Él sabe si estamos preparados o no para recibir eso que estamos pidiendo. Cuando entendemos que su voluntad está por encima de nuestros propios deseos, aprendemos a orar de manera adecuada y esa confianza plena en que su voluntad es lo mejor para nosotros nos da paz aun cuando no vemos una respuesta.


Esta respuesta en ocasiones será un “espera un poco más"; otras, nos contestará de inmediato; y también en algunas será un rotundo “no”. Aun cuando la respuesta es de esta categoría, Dios nos está amando desde ese no.

Antes de que mi pastor me contestara el mensaje, yo misma fui a buscar una respuesta. Recuerdo que tomé la llave de la iglesia que está donde mi abuela y me tiré al altar. Al principio sólo lloré. Dejé que mi enojo se drenara. No sé en qué momento dejé de hacerlo, sólo sé que cuando reconocí que lo que Él hace está bien, aunque yo no lo entienda, sentí paz.


Meses después, mi esposo y yo volvimos a intentarlo. Otra vez la respuesta fue no. Pero, diferente a las otras dos veces, aún en medio de mis lágrimas y mi dolor de haber perdido otro bebé, mi corazón sentía paz. Dios nos ha prometido que veremos fruto de nuestro matrimonio y sus promesas están por encima de las circunstancias.


Entonces, ¿responde Dios las oraciones hoy? Sí, las responde. Mientras escribo esto vienen a mi mente diferentes ocasiones en las que mi fe desmaya y pienso que no podré tener un bebé con mi esposo y de alguna manera el Señor me recuerda su promesa y también me deja saber que no es el tiempo. Mi versículo tema de esta temporada es "En el momento correcto, yo, el Señor, haré que las cosas sucedan” (Isaías 60:22).

Yo aún estoy esperando una respuesta. Pero la paz que me da el saber que mi futuro está en las manos de mi Padre, me conforta. Cuando te acerques a Dios a pedirle algo, descansa en su voluntad. A su tiempo Él te dará la respuesta que tu alma necesita.

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