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Soy templo del Espíritu Santo

¿Te has preguntado alguna vez por qué la actitud de la gente cambia cuando entiende que está ante algo o alguien que representa santidad?

Nadie se atrevería a fumar un cigarrillo, ingerir bebidas alcohólicas o a decir palabras obscenas o tan si quiera cometer algún pecado dentro de la iglesia, porque tu conciencia o razonamiento te hace entender que es un lugar santo; más ahora yo te pregunto: ¿Y tú quién eres? ¿Qué hay dentro de ti?


En las escrituras encontraremos respuesta ante estas preguntas, las mismas que vienen ante una promesa hecha por Jesús y que se hizo visible el día de pentecostés.


Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre, y él les dará otro Consolador para que los acompañe siempre: el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede aceptar porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes sí lo conocen, porque vive con ustedes y estará en ustedes. Según Juan 14:15-17 nos declara la venida del consolador, una promesa que trae consigo requisitos y multiformas.

Por lo tanto, debemos ser diferentes al mundo para poder verlo, conocerlo y entender que hay un aspecto mucho más poderoso en cuanto a su forma.

El Espíritu Santo vive CON nosotros y estará EN nosotros. Después de su venida el Apóstol Pablo escribió las siguientes palabras:

¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, quien está en ustedes y al que han recibido de parte de Dios? Ustedes no son sus propios dueños; fueron comprados por un precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios. 1 Corintios 6:19-20


Desde ese entonces pasamos a ser templos de Su Santo Espíritu porque Él no solo estaba CON nosotros, sino que ahora está EN nosotros y eso nos da un sello de salvación, así como lo especifica en el libro de Efesios 4:30, donde nos insta a no agraviar el Espíritu Santo con el cual fuimos sellados para el día de la redención.


Su sello perpetuo nos hace vasijas de honra que portan la presencia de su Dios, un sello que nos hace auténticos, ese que nos sirve como evidencia que portamos algo del cielo, sello que declara la paternidad en nuestros corazones y que clama ¡Abba Padre!

Y si bien es cierto que recibimos de Su Espíritu por obedecer Su Palabra, es nuestra misión hacer que permanezca dentro de nuestro templo. Es necesario que cuidemos de nuestro cuerpo como una hermosa vasija, que no es valiosa por su hermosura, sino por lo que lleva dentro.


Empecemos a cuidar nuestro cuerpo como algo sagrado, respetemos la morada de Su Santo Espíritu, no podemos hacer lo que nos parezca con nuestras vidas, más bien debemos ser guiados por Su Espíritu, el cual nos ha sido revelado por medio de Su Palabra. Caminemos bajo Su voluntad, pues estamos llamados a honrar a Dios con nuestro cuerpo y dejar de un lado todo lo que pueda ponerlo en peligro.


Seamos esa generación que anhela Su presencia, que le busca de día y noche y que no se avergüenza de mostrar las maravillas que Dios ha hecho con nosotros. Esos que tienen una relación íntima con el Espíritu Santo y han hecho de su cuerpo una hermosa morada.


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