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Hacerte pequeña en un mundo de gigantes

En muchas ocasiones nos resulta normal, y hasta frecuente, compararnos con los demás. Pensamos que no somos suficientes o que no hemos llegado a la meta si no medimos nuestros esfuerzos con las demás personas.


La sociedad nos implanta la idea de que siempre debemos mirar a nuestro lado para, más que buscar un modelo a seguir, apegarnos a un modelo de alguien más. De esta forma, vemos común establecer una competencia, sin darnos cuenta de que con cada paso vamos perdiendo nuestra esencia.

Para definir con exactitud lo que nos sucede cuando nos comparamos, el escritor Walter Riso indica que:


«Compararse es una manera de estirar o achicar artificialmente el ‘yo’, según lo que hagan otros».

Y definitivamente este es el daño que nos hacemos cuando no aceptamos nuestra realidad en Jesús y decidimos compararla con la realidad de otros.


Quienes somos, lo que valemos, nuestro propósito solo tiene sentido en Él. Buscar que el mundo nos defina tan solo nos aleja de Él. Debemos comprender que todos somos diferentes. Cada persona tiene su propia historia, cada persona al nacer se puso sus zapatos y es la única a quien le sirve ese par. Lo que quiere decir que nunca será sano compararnos con otros; sus éxitos o fracasos son el resultado de mucho más de lo que a simple vista puedes ver.


De igual forma sucede contigo, por esto debes aceptarte y buscar en cada día la oportunidad de superarte a ti misma, más que superar a otros.


Cuando te comparas, te haces pequeña ante un mundo de gigantes o te haces enorme ante una ciudad en miniatura, y si notas, en ambos casos, estás abandonando el mundo real. No está mal el que observes cómo otros superan las circunstancias, el cómo se hacen fuertes o se hacen débiles; lo que te maltrata, es vivir y actuar con base en los demás y el que permitas que tus sentimientos y comportamientos sean proyecciones de otros.


La realidad es que nadie es superior a otra persona, así como tampoco nadie es inferior. Sencillamente, somos seres humanos distintos, con propósitos y metas diferentes y con decisiones únicas que nos caracterizan.


Si haces de la comparación tu estilo de vida, estarás cosechando una baja autoestima que hará que nunca estés conforme y feliz con quien eres, lo que tarde o temprano te hará sufrir.


Como persona única y maravillosa, es imprescindible que aprendas a amarte y a verte como tu mayor obstáculo, porque nadie más es el protagonista del camino que recorres.


Retoma el control de tu vida y haz que tu regla para medirte sean los pasos que ya has dado. Sin darte cuenta, poco a poco nacerá en ti esa persona que día a día se hace mejor y que no necesita de manera dependiente y tóxica de los demás para lograrlo.


Haz que esta sea la realidad de tu vida. Abraza tu esencia e identidad. Acepta que todos tenemos nuestras propias luchas y que mientras te estás preocupando por los demás, la tuya pasa sin que te des cuenta.

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