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¿Cómo vencer los obstáculos para orar?

La oración es el canal de comunicación entre Dios y su pueblo. Desde el principio de los tiempos podemos ver que la intención de Dios es mantener una relación con su creación, no obstante, nosotros nos mantenemos en un constante ascenso y descenso, le fallamos, nos reconciliamos y volvemos otra vez a lo mismo por cuanto es nuestra naturaleza humana; pero en cuanto a Dios, Él siempre permanece fiel.


Desde que damos nuestros primeros pasos en la fe, lo más básico y lo primero que debemos aprender a hacer es ORAR, esta acción nos abre puertas, derriba murallas, pero, sobre todo, fomenta nuestra relación con nuestro padre celestial. Y sí, lo sabemos, cada uno de nosotros enfrenta diferentes luchas al momento de orar, pero depende de nosotros qué acciones tomar para hacer de esa comunicación un acto pleno y agradable.

Salmos 55:16-18. En cuanto a mí, a Dios clamaré; Y Jehová me salvará. Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, Y él oirá mi voz. Él redimirá en paz mi alma de la guerra contra mí, Aunque contra mí haya muchos.


Con una declaración como esta, nuestros esfuerzos están asegurados a dar frutos, pues no duerme el que vela nuestra alma. Jehová se place en escuchar la oración de sus hijos, por eso es tan importante que aprendamos a discernir y acabar con esos problemas que son estorbos a nuestra relación y comunicación con nuestro Dios.

Dentro de tantos factores que interrumpen o desmeritan este acto tan hermoso, como lo es la oración, estaremos viendo algunos de los más comunes.


  1. No tener una estrecha relación con Dios: Es imposible que seamos sinceros y amenos cuando no tenemos una relación con quién oramos. Nunca podremos expresarnos de manera abierta con alguien a quién no conocemos, por eso es tan importante que nuestro mayor esfuerzo deba estar en tener una relación con Dios, conocerle y dejarnos guiar por sus pasos.

  2. Fe titubeante: La FE es más que el acto de creer que Él lo hará, es confiar en aquel que ha dicho y no dudar. Asegurar nuestros pies en la roca y no resbalar, es poner nuestras manos en el arado y no mirar atrás, pues grande es aquel que respalda a sus llamados.

  3. Motivación errónea: Esto es uno de los grandes problemas que afecta nuestra relación con Dios, en ocasiones se nos ha mostrado a Dios como el DADOR, pero hasta aquel que dio, tuvo que pagar un alto precio, por lo tanto, es necesario entender que los deseos o peticiones nacidos desde una intención egoísta jamás recibirán una respuesta positiva; más bien nuestros corazones deben ser alineados a la voluntad perfecta de Dios, la cual es santa, perfecta y agradable.

  4. No ser humildes: El primer paso para acercarnos a nuestro Dios es teniendo una actitud de humildad, pues es la descripción primaria de Jesús, quién se humilló hasta lo sumo para que hoy podamos tener una relación con nuestro padre. Es necesario que, así como dice la Palabra, podamos reconocer nuestras necesidades delante de Dios y ser lo más honestos que podamos para obtener el oportuno socorro. Reconociendo que el único que puede ayudarnos es Dios por medio de Su hijo y bajo la cobertura de su Espíritu Santo.

  5. Intensidad VS Consistencia: Cuando empezamos a dar nuestros primeros pasos en la fe nos encontramos sumergidos en la presencia y no queremos salir de ella. Se nos va el tiempo en deleitarnos en Él, más a medida que vamos caminando en su camino empezamos a flaquear y aquello que empezó como el primer amor va menguando conforme a nuestras costumbres. Recordemos que el amor es una flor de riego diario y es más que necesario que nuestra comunión con Dios no sea algo momentáneo, sino de todos los días. Cuando hablamos de intensidad versus consistencia es necesario que nos enfoquemos en no sólo dar mucho pocas veces, en cambio demos poco muchas veces. Es mejor en términos de relación íntima orar todos los días 20 minutos, que orar unas horas, sólo una vez a la semana. Seamos aquellos que encienden la antorcha todos los días y procuran que el fuego se mantenga vivo y alejémonos de aquellos que un día provocan un súper fuego, pero se olvidan del mismo y lo vuelven a encender la próxima semana.

Procuremos que nuestros actos nos conduzcan a una verdadera relación con Dios, una relación íntima, sin límites ni reservas y que contemos con la esperanza de que algún día le veremos cara a cara. Empecemos hoy a derrumbar esas murallas que son estorbos a nuestra oración y cantemos victoria sobre ellas porque al que Dios llama, Dios respalda.


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